Revelaciones


Este fin de semana he tenido la suerte de asistir con una amiga a una boda muy especial en la parroquia de Entrevías en Madrid. Las paredes de la parroquia tenían además de un cristo crucificado muy sencillo posters de conciertos, de manifestaciones y pintadas a favor de la paz. Todo el mundo en círculo participaba en el ritual con sus opiniones. En sus votos los novios prometieron esforzarse en quererse y cuidarse y en cambiar el mundo a mejor. Enrique, uno de los curas, habló de la conversión del agua en vino. Dijo que para él significaba la conversión de lo institucional, lo reglado, lo ritualizado en lo cotidiano, lo natural, lo afectivo, lo relacional. También les dijo que no tuvieran sólo hijos biológicos sino que abrieran su casa y sus corazones a todo aquel que lo necesitara. Una señora comentó que era bonito decir “sí quiero” pero que también en la vida debíamos empezar a decir no a las injusticias que suceden. En esta parroquia las misas son reuniones en las que la gente planea para construir otro mundo mejor. Recuerdo que esa era mi idea del cristianismo, antes de que mis ideales cristianos murieran de pena ante las actuaciones de las instituciones religiosas con poder.
A las misas de Entrevias asisten personas de todas las edades, de diferentes países y de diferentes religiones además de muchos ateos y ateas.
Participar para cambiar, por ejemplo desde una parroquia de barrio. Que bonito.

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